Ficha del rey (llamémoslo Rasiel)

Ir abajo

Ficha del rey (llamémoslo Rasiel)

Mensaje  Invitado el Mar Ago 31, 2010 8:38 pm

♦Nombre: Rasiel


♦Fecha de cumpleaños: 22 de diciembre


♦Edad: 26 en el arco del futuro.


♦Sexo: Masculino


♦Familia: Millefiore (falsa corona fúnebre de la tormenta)


♦Descripción física: De arriba abajo lo primero que llama la atención en Rasiel es la corona sobre su cabeza, prueba irrefutable de su posición como rey. Cabello rubio, largo hasta los hombros, y liso, que cubre sus ojos. Luego, una amplia, preciosa y algo siniestra sonrisa siempre presente en sus labios. Viste siempre con camisa algo abierta (nunca camisetas, no son tan fashion), y a veces lleva incluso una capa. Mide dos centímetros más que su hermano (porque se supone que en diez años Belphegor habrá crecido algo… en caso de que no, su altura sería 1.72) y nunca revelaría su peso, pero no debe ser mucho, ya que es más bien delgaducho. Piel perfectamente blanca, excepto en el torso, surcado de numerosas cicatrices. Y uñas largas, perfectas y brillantes, pintadas de color negro.


♦Descripción psicológica/personalidad: No hay mucho que contar. Es un rey. Con eso se dice todo, ¿no? Ego por las nubes, quizás un poco más alto, y cree que por su puesto y por ser un niño mimado (sobretodo por sí mismo) puede hacer lo que quiera y despreciar a quien quiera, poniendo siempre como pretexto que es un “rey” y los plebeyos no están a su altura; su juguete favorito para burlarse es su hermano menor. Le encanta ir siempre bien vestido y arreglado y puede pasarse de maricón a veces. Suele ser vago para levantarse incluso del trono o del lugar donde tenga acomodadas sus reales posaderas. Sin embargo, también cabe decir que dejando de lado esa encantadora faceta, tiene otra incluso más encantadora todavía, en la que es un sádico adicto a la sangre y al dolor. Por suerte, esta cara le sale bastante menos a menudo que a su hermano cabeza hueca.


♦Ejemplo de rol:


Ejemplo B:

Sumamente agotadora, así era su vida, siempre había algo que tenía que hacer personalmente, o alguien que no estaba trabajando con la eficacia necesaria y tenía que ser echado de inmediato; y ese era su trabajo. Por si fuera poco, últimamente todos sus sirvientes parecían más incompetentes que de costumbre, y en la última semana había echado a unos veinte, mandado a una al hospital y matado sin compasión a la doncella que había manchado de té su impoluta camisa blanca. Daba igual que le cocinaran, limpiaran y obedecieran todos sus caprichos, que pocos no eran. Siempre un pequeño detalle le molestaba. En esa ocasión en concreto, sus uñas necesitaban una manicura urgente, había llamado hacía cinco minutos, y todavía no había llegado nadie a atenderle. Menudo estrés.

Por eso, y tras haber hecho el titánico esfuerzo de arreglarse él mismo sus preciadas uñas hasta que quedaron perfectamente perfectas, decidió que no le vendría mal tomar el aire para relajarse un poco y olvidarse de sus quehaceres en su gran y preciosa mansión – solo suya, por supuesto, y gracias en cierto modo a su estúpido hermano –.

Salió de casa rodeado, cómo no, de cuatro armarios roperos vestidos de traje con gafas oscuras, al más puro estilo estrella de Hollywood – aunque no era necesario, pero aquello hacía crecer su ego –, no era de extrañar que la gente se fijara en él. Sobre todo, por su costumbre ir al menos una vez a la semana a comprar ropa en las tiendas más exclusivas, era una de las pocas cosas que realmente prefería hacer él mismo, su hobbie.

Mientras los armarios roperos colocaban las bolsas en el maletero de la limusina negra, el regalito que Rasiel se había hecho por su último cumpleaños, este se relajaba sentado en un banco del parque, mirándoles desde lejos, con una botella de agua en la mano – al rey no le gustaba sudar, así que su manera de mantenerse divino era tomando el mínimo posible de alimentos calóricos –. Cuando vio que por fin habían terminado, se puso en pie. Miró la botella y decidió beber. Sin embargo, algo que vio por el rabillo del ojo hizo que nada más las gotas rozasen sus labios, bajara la botella. Se trataba de una chica de cabellos negros y rizados en graciosos tirabuzones que caían sobre sus hombros. Portaba un discreto vestido blanco, ligero, que destacaba con elegancia a la par que sencillez las discretas curvas de su cuerpo. No era la primera vez que se había fijado en esa chica, le sonaba, la había visto mirándole de vez en cuando en alguna de sus salidas, que solían darse siempre en el mismo día. Pero en esa ocasión no estaba tímidamente mirándole de reojo, sino enfrente de él, con la cabeza gacha. Al percibir la mirada del rubio, la alzó, dejando a la vista dos luceros azules en los que se podía leer la duda.

- ¿Qué quieres? – preguntó Rasiel, ladeando la cabeza, esa chica estaba en medio, y la limusina estaba esperándole.

- Yo… esto… - se encogió con las mejillas rosadas –. Qué vergüenza…

- Di – volvió a hablar, impaciente.

- Yo te he… estado observando y… - jugaba nerviosa con sus manos –. Me preguntaba si… si algún día tienes tiempo… podríamos quedar, me… me gustaría conocerte… me gustas mucho – bajó la cabeza más todavía.

El rey alzó una ceja con incredulidad, era, sin duda, la primera vez que le pedían algo así. Pero no era una sorpresa grata, más bien… le irritaba un poco.

- No tengo tiempo – contestó con frialdad y sonriente, y pudo ver la mirada de la chica apenarse, como si estuviera a punto de llorar –. ¿Por qué el rey tendría que tener tiempo para una plebeya como tú? - sería preciosa, pero, al fin y al cabo, para él no era más que eso, una plebeya especialmente bonita,

Sin más, rodeó a la chica y se dirigió a su vehículo, aún con la boca seca por no haber probado un trago de agua.



Ejemplo E:

El sol impactaba, de manera molesta, contra los ojos del rey. Su deseo hubiera sido que no lo hubiera hecho, pero así fue. Aunque renegaba de abrir los ojos, media vuelta en la cama no era una opción, los rayos solares, anunciando el nuevo día que venía, habían invadido la amplísima estancia y su reflejo en las blancas paredes hacía imposible conciliar de nuevo el sueño. Quizás, sí, quizás sería ya hora de levantarse.

Abrió los ojos perezosamente, si bien estos estaban ocultos debajo de su flequillo, que seguía perfectamente arreglado en su sitio habitual, al igual que el resto de su rubia y lisa melena.

Alzó la mano y tocó un timbre junto al cabecero de su cama. En apenas unos segundos, como si hubieran estado esperando al otro lado de la puerta, entraron tres hombres y cuatro mujeres, un total de siete sirvientes, llevando la última un carrito con una bandeja llena de cosas de aspecto delicioso.

- Buenos días, Siel-sama – saludaron todos a coro, poniéndose en fila frente a él.

En seguida todos se colocaron en posición. Una de las mujeres cogió la corona que estaba sobre la mesa y, con sumo cuidado, se la colocó en la cabeza al joven, arreglando un poco sus cabellos con las manos. Dos de los hombres se agacharon frente a él para ponerle sus mullidas zapatillas de estar por casa nada más este sacó los pies de la cama. Por último, otro de los sirvientes lo cogió en brazos para sentarlo en el trono que tenía en la habitación, y la criada del carrito lo dejó junto a él.

- Que le aproveche su desayuno – volvieron a decir juntos, antes de retirarse por la puerta.

Quedaron solamente dentro el rey y dos doncellas, que se dedicaron, con profunda devoción, a alimentar al chico. Bastaba con que abriera la boca para que un pedacito de lo que escogiera, entre la inmensa cantidad de dulces que allí tenía – el desayuno era la única comida del día en la que se permitía comer cosas que engordasen tanto –, entrase en ella, para que pudiera masticarlo, tragar y pedir por más, que enseguida llegaba. Y, por último, lo único que cogió con sus reales manos, una taza de té. Un desayuno perfecto, sin duda.

- ¡Olgert! – llamó después de que las mujeres y el carrito hubieran salido de la habitación, y el mayordomo llegó en cuestión de segundos –. Prepárame la bañera, quiero tomar un baño.

Por lo general, no solía dirigirles la palabra a sus sirvientes, pero aquel era la excepción, era el único de los que allí trabajaba que no había sido contratado después del asesinato de sus padres, y casi propio. Un criado cualquiera cuando había sido un niño, pero al que, por ser el único que le había visto crecer, tenía especial cariño, o algo así.

Escoltado por él, se dirigió – a pie – al cuarto de baño.

El principio de un día perfecto, como otros tantos.

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Re: Ficha del rey (llamémoslo Rasiel)

Mensaje  Invitado el Mar Ago 31, 2010 9:11 pm

Aceptado al extremo!

Disfruta y rolea con él.. como ya haces!

Invitado
Invitado


Volver arriba Ir abajo

Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.